Zona Cero: Diario de una tragedia.
Jueves, 11 de Marzo de 2010 12:01

Por Christian Maureira, Coordinador Operación Arriba

 

 

 

 

 

 

 

 

 

06 marzo

Salimos la madrugada del 06 de marzo por motivos de seguridad, se decía que debíamos entrar a la ciudad antes del medio día, hora en que el “toque de queda”: medida militar para controlar a la población en época de crisis, terminaba. Eran exactamente las 02:40am cuando un contingente de siete vehículos con treinta personas y dieciocho toneladas de alimentos, se enfilaba rumbo a la ciudad de Concepción, una de las zonas mas afectadas por la catástrofe que daño especialmente la Región del Maule y del Bio-Bio. Nueve horas más tarde, 11:45am, con los papeles requeridos por la Oficina Nacional de Emergencia (ONEMI) en la mano, entramos a la zona de conflicto, fuertemente custodiados por el Ejercito Chileno. El ingreso a la ciudad fue caótico: helicópteros sobrevolaban el área, el comercio estaba cerrado y existían una cantidad indeterminada de filas para conseguir alimento. Indudablemente vivíamos un grado de incertidumbre tremendo por la excesiva congestión vehicular y los ruidos ensordecedores provenientes de penquistas cansados de esperar para pasar de un lado a otro y conseguir algo de comida. Es difícil procesar lo que vimos, era sin duda un ambiente enrarecido por la inseguridad que tales escenas nos producían.

Luego de almorzar en la Base Central del Ejército de Salvación salimos a conocer la situación en terreno con algunos voluntarios. El resultado fue desolador: edificios literalmente derrumbados, supermercados saqueados, autos aplastados, tiendas incendiadas, gente sin rumbo. Nada que ver con la pseudo realidad de nuestros noticiarios, que buscando la comercialización de la desgracia, nos muestran sólo una parte de la misma.

 

07 marzo

El traajo en las zonas afectadas es duro. Un día después, hemos ingresado siempre bajo fuertes medidas de seguridad y con el salvoconducto en mano a Talcahuano. Lugar lleno de imágenes espantosas, sencillamente un escenario de terror. No alcanzo a imaginar lo que fue de aquella noche, el mar entro literalmente a la ciudad, podíamos apreciar sus huellas a dos metros de altura sobre sus edificaciones. La arena del mar sobre toda aquella área era sin duda el testigo mudo de esta desdicha. Edificaciones inhabitables, barcos de gran tonelaje varados sobre lo que habían sido casas y el jardín infantil, escombros en la plaza central de la ciudad. Tanto el ejército como la marina trabajaban arduamente en la limpieza de un desastre.

Luego de algunos minutos y previo aviso a la marina, nos dirigimos rumbo a la Caleta Tumbes (Talcahuano). Un panorama no menos desolador que el anterior. Que noche aquella, que infierno. Allí, en aquel fatídico día murieron cuatro personas, algunas que no alcanzaron a escapar y otras que sencillamente no creyendo en la desgracia, decidieron permanecer, costándoles la vida al ser aplastados por el mar. Esta comunidad ubicada en medio de la montaña y frente al océano vivió su peor amanecer, pues fueron cuatro olas las que ahogaron sus bienes, trabajos, esperanzas y tranquilidad. Algunos pescadores incluso se atreven a decir que el tamaño de las olas debió haber superado los 20 a 25 metros; “la segunda nos mato”, diría don Aldo.

Comenzamos la entrega de ayuda con una mirada, un abrazo, una bolsa de alimento y algunas porciones de reflexión bíblica. En aquellos momentos toda ayuda se agradecía, la gente ahora desposeída, sin hogar, solo atinaba a emocionarse hasta las lagrimas, otros, ya indolentes por lo ocurrido tomaban los bienes y caminaban en silencio y la mirada perdida.

Al cabo de algunos minutos, camine por unos instantes para observar con más detenimiento lo sucedido y acompañe a una mujer hasta su casa. Su hogar, aguanto la entrada del mar gracias a la estructura de concreto que la sostenía, aunque todos sus bienes ubicados en el primer piso del inmueble fueron destruidos:

-¿Qué necesitan ahora? pregunte,

- ayuda respondió, como tratando de comunicar que no sabían por donde empezar.

No tenían electricidad, agua potable, ventanas. Todo, literalmente todo se había perdido.

En consecuencia, si alguien preguntara ¿en que más podemos ayudar? La respuesta inmediata seria, en todo. Para colmo y como si la desgracia fuera menor, a media tarde se dejaron caer unas gotas de agua que de seguro afectaron a una gran cantidad de personas refugiadas en los cerros fruto del temor y la destrucción.

08 marzo

Hoy, fue un día particularmente especial, ya que la noche anterior habíamos decidido ir a Dichato, localidad que asistiríamos desde el primer día, pero que producto de la desesperación humana era imposible atender: “por seguridad se decía”. El viaje duro una hora y quince minutos desde la Zona Cero (Concepción).

A nuestra llegada y previa revisión del Ejercito Chileno apostados desde temprano, logramos ingresar al lugar, se supone que deberíamos estar por un tiempo definido y sin prorroga, mas tarde nos enteraríamos que la medida respondía a la visita sorpresiva de la Presidenta Bachelet al lugar.

Los rumores de contaminación ambiental por la muerte y desaparición de muchas personas habían predispuesto nuestro espíritu. Se hablo de problemas radioactivos por la expulsión de containers con dicho material, incluso de una destrucción espantosa y desesperanza social tremenda. Fuimos advertidos por las fuerzas militares del cuidado que debíamos tener con los grupos que de pronto podían sublevarse frente a la necesidad y el descontento.

Finalmente, bajamos al lugar que a diferencia del día anterior, estaba absolutamente destruido. La escena era espantosa y a medida que íbamos mas arriba era peor. Jamás he visto algo así. Nunca he estado en una guerra, pero tal vez, es lo más cercano a ella. Entraron tres olas la primera cerca de las 04:00am, la segunda a las 06:15am y la tercera cerca de las 10:00am. Coincidentemente, al igual que en Caleta Tumbes, la segunda ola, de unos 15 metros arraso y destruyo todo a su alrededor: “yo vi como la ola se llevo una camioneta con gente arriba”, señalaba Maggi.

Si Concepción era un caos, no puedo describir esto. Llegamos a un campamento y conversamos con la gente. Leandro, un padre de familia aun sentía temor, se había ido a vivir al cerro, donde el mar no lo alcanzara. Sus preocupaciones tenían que ver con sus hijos (3), su esposa desanimada y estresada lo único que hacia era poner mas presión sobre sus hombros. Las replicas, la falta de luz y carpas hechizas aumentaban su inestabilidad emocional y moral frente al asunto. Por fin fuimos abajo, y como si se tratara de un especialista, me preguntaba si creía que podría nuevamente salir el mar, trate de explicarle que científicamente no era posible.

Nos fuimos temprano, sin saber si volveríamos el próximo día, fue tan poco lo que hicimos, que sentí impotencia al sentir con ellos tanta necesidad. Quedamos en deuda.

09 marzo

Hoy, he cumplido 4 días sin poder tomar una ducha y tengo la impresión que Concepción poco a poco vuelve a la normalidad. De todas formas se mantiene el toque de queda.

En medio de la catástrofe, Dios es fiel y además sabio. Esta mañana nuevamente salimos rumbo a Dichato, para pagar la deuda de amor con esa gente tan desprotegida. En esta oportunidad fuimos tres equipos provenientes de Puerto Montt, Concepción y Santiago, equipos que trabajamos en corte de pelo, distribución de alimentos, limpieza de casas, atención espiritual, entretención consejería y coordinación de los líderes locales.

Esto último quizá fue lo más importante, pues evidentemente podría abrirnos muchas puertas para atender un gran número de personas en sus necesidades emocionales, físicas y espirituales. En Dichato existen 10 campamentos, de los cuales Nuevo Amanecer, es el más grande: ciento ochenta familias que significan ochocientas personas. Aquí conversamos junto al Ejército de Salvación con Danitza, líder de la comunidad y en quien la gente ha depositado su confianza. Ella, ha hecho un excelente trabajo y este es el único campamento organizado. Dicha entrevista fue una tremenda oportunidad para animarla, desafiarla, apoyarla, orar por ella y su gente.

10 marzo

Iniciamos la jornada con dos temblores, igual que el día anterior, el primero, a eso de las tres de la madrugada y el segundo cerca de las seis y media de la mañana. La verdad, he perdido la cuenta de cuantos llevamos, de no vivirlo a diario me sería difícil de concebir, es realmente impresionante como la tierra continua moviéndose.

La tarea de hoy es empadronar el campamento que coordina Danitza en el sector nororiente de Dichato. Gracias a Dios hemos entrado con el apoyo de su comité de trabajo. Ayer luego de extendidas conversaciones logramos ganar su confianza y nos ha permitido intervenir con una iniciativa simple pero que nos permitirá mantenernos trabajando con su gente. La idea, es hacer un catastro de todas las familias que forman parte de la comunidad y organizar una “olla común”, que consiste en preparar dos comidas especiales durante la semana.

 

 

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